Crítica del concierto en la sala Backstage de Terrassa (6-6-26)
Redactada por Joss de
metalcry.com -Imágenes por
@jesus_tomas18
Regresábamos una semana más a la sala Backstage de Terrassa (Barcelona), listos para otra noche del mejor Rock. Esta vez tocaba descubrir a un tributo que nunca antes había visto en directo, a pesar de los años que llevan rindiendo un más que digno homenaje a LOS SUAVES: ellos son DULCE CASTIGO, quienes se han ganado a pulso el respeto de los seguidores más fieles de la mítica banda orensana disuelta hace ya años.
Nació este proyecto en septiembre de 2016, así que hacen casi diez años que están defendiendo esta apuesta, consolidándose como el homenaje más fiel a LOS SUAVES a nivel nacional. Han recorrido salas, fiestas populares y festivales por toda la península, como el Red Pier Fest o el Buenavista Metal Fest, compartiendo escenario con grandes bandas como SEXY ZEBRAS, OBÚS, LA FUGA, SEGURIDAD SOCIAL, MOJINOS ESCOZÍOS…
Sus componentes son, a día de hoy, Santi, frontman con la esencia del mejor Rock; Javi, bajo de espíritu ochentero; Beto, batería de contundente pegada; Jaime, guitarra con toques Hard y Metal; y Unai, guitarra de corte hardrockero y blusero, así que el Rock ‘N’ Roll estaba asegurado con ellos durante el set-list.
A las 21:30 h el ambiente en la sala empezaba a caldearse. El olor a cerveza, las camisetas negras con el mítico gato de la banda gallega y el murmullo de los fieles que llenaban el local presagiaban que no iba a ser una noche cualquiera, pues el aforo estaba bastante lleno en comparación con otras veces. Había ganas de Rock, ese que araña las tripas y despierta la nostalgia de los mejores años del panorama nacional español, que no creo que vuelvan a verse.
Con un cuarto de hora de retraso sobre la hora anunciada, a las 22:15 h, hicieron acto de presencia en el escenario con la inconfundible intro «Les Préludes» de Franz Liszt, que usaban los verdaderos músicos de Orense en cierta parte de su trayectoria. Sin dar respiro a los asistentes, arrancaron con un potente «Preparados Para El Rock», la velocidad de «San Francisco Express» y «Palabras Para Julia», aquella emblemática versión a ritmo de Rock del poema de José Agustín Goytisolo.
Con un cuarto de hora de retraso sobre la hora anunciada, a las 22:15 h, hicieron acto de presencia en el escenario con la inconfundible intro «Les Préludes» de Franz Liszt, que usaban los verdaderos músicos de Orense en cierta parte de su trayectoria. Sin dar respiro a los asistentes, arrancaron con un potente «Preparados Para El Rock», la velocidad de «San Francisco Express» y «Palabras Para Julia», aquella emblemática versión a ritmo de Rock del poema de José Agustín Goytisolo.
Después de este primer bloque, el cantante interactuó con el público para relatar de forma cercana las peripecias que sufrieron ese mismo día para poder llegar a Barcelona. La descarga eléctrica continuó con «No Puedo Dejar El Rock», momento en el que la guitarra eléctrica del vocalista sorprendió a todos escupiendo fuegos artificiales, a la que siguieron «Llegaste Hasta Mí» y la atmósfera de «Viajando Al Fin De La Noche», de la cual esta última apenas recordaba un servidor su letra.
Siguieron la noche con «Si Pudiera», «No Me Mires» y la melancólica «Parece Que Aún Fue Ayer», momento en el que la nostalgia se apoderó del recinto y la voz rasgada del vocalista crearon una atmósfera íntima. El concierto seguía con «Malas Noticias» y la coreada «Pardao», dando paso a una traca de clásicos inapelables como «Maldita Sea Mi Suerte», «Chaquetas De Cuero» y «Ese Día Piensa En Mí», que no pueden faltar en un repertorio de homenaje a LOS SUAVES.
Acto seguido, el vocalista dio las gracias a Cataluña por hacerlos sentir como en casa, sirviendo de preludio perfecto para «Mi Casa», cuya interpretación volvió a encender los ánimos y la escena con fuegos artificiales a mitad de la canción, cosa que vi muy arriesgado en una sala que creo que no está preparada para estas cosas.
La energía no cesó con «Dame Rock & Roll» y la archiconocida «Dolores Se Llamaba Lola», el gran himno de la noche que toda la sala coreó al unísono y que contó con la colaboración especial de Oriol (OVERDRIVER) sobre las tablas, que ese día descubrí. Quedaba noche de rocanrol, así que arrancaron con «Siempre Igual», interpretada inicialmente por el vocalista a solas con la guitarra acústica, mientras la sala entera cantaba mayoritariamente la letra, hasta que el resto de los músicos, que se habían retirado un momento, regresaron para romper el tema con toda la potencia eléctrica.
El delirio llegó con el tema «Peligrosa María», instante en el que sacaron a relucir la icónica bandera del gato. Después de un espectacular solo de guitarra a cargo del músico más joven de la banda, enfilaron la recta final con «Dulce Castigo» y la indispensable «El Afilador». Para terminar, y después de preguntar con complicidad si estaban cansados antes de confesar el cantante que él sí lo estaba, atacaron con «La Noche Se Muere».
Durante este último tema de una noche fantástica, el vocalista coronó la velada lanzándose al público como una verdadera estrella del Rock, emulando las locuras que hacía el mismísimo Yosi en sus días de gloria con LOS SUAVES, despidiendo el concierto de manera apoteósica. Un éxito tras otro sin pausas ni descanso para un público de hasta tres generaciones que no paró de bailar ni cantar cada uno de los temas de la mítica banda gallega.